martes, 25 de diciembre de 2012

Las Estaciones De La Vida III De E.James Rohn

                                 

VIII


EL INVIERNO


El invierno, al igual que la primavera, es una temporada que puede aparecer brevemente durante cualquier estación, para recordarnos su poder. En medio verano, mientras atendemos cuidadosamente nuestras siembras, el invierno puede amenazarnos como si quisiera arrebatarnos los frutos de nuestros esfuerzos. El invierno puede manifestar su pre­sencia amenazante durante la estación de la oportunidad ‑la primavera‑ y si no reaccionamos rápidamente para can­celar su posible efecto arrasador, la temporada de la opor­tunidad nos será arrebatada por una de las tormentas de la vida, dejándonos con otro año de espera por delante. El invierno puede aparecer prematuramente durante el otoño ‑la estación de la cosecha ‑ cuando estamos listos a recoger la recompensa del esfuerzo humano invertido y dejarnos con cosechas o resultados de poco valor.

La primera lección que tenemos que aprender en la vida es que el invierno siempre llega; no solamente el invierno de frío, viento, nieve y hielo, sino el invierno humano de desesperación, soledad, desilusión o tragedia. Es invierno cuando nuestras oraciones no reciben respuesta, cuando las acciones de nuestros hijos nos dejan temblorosos o anona­dados. Es invierno cuando la economía se voltea en contra nuestra o cuando los acreedores nos persiguen. Es invierno cuando la competencia nos amenaza o cuando un amigo se aprovecha de nosotros. El invierno toma muchas formas y llega en cualquier momento, tanto al sembrador como a las personas en el mundo de los negocios y aun a nuestra vida personal.


La llegada del invierno nos encuentra en una de dos situaciones:
Estamos preparados o no estamos preparados.


Para aquellos que están preparados, que han sembrado con abundancia durante la primavera, que han cuidado sus siembras durante el verano y han cosechado enormemente durante el otoño, el invierno puede ser otra estación de oportunidad. Puede ser una temporada para la lectura, para recuperar las energías para la próxima primavera y para gozar de protección y abrigo. Puede ser una temporada de gran regocijo, una temporada para compartir con los seres queridos con quienes hemos trabajado. Es una temporada para dar gracias y una temporada para compartir los obse­quios de la vida. El invierno es la temporada para agradecer, tanto por lo que tenemos como por lo que aún no hemos logrado. El invierno es la temporada para el des­canso, pero no un descanso excesivo. Es la temporada para gozar del fruto de nuestro trabajo, pero no es temporada para la gula. Es la temporada para las conversaciones cálidas pero no para el chisme. Es la temporada para la gra­titud pero no para la satisfacción excesiva. Es la temporada para sentirnos orgullosos más no para ser egoístas.

Lo que hacemos con nuestro tiempo, con nosotros mis­mos, con nuestros amigos y con nuestra actitud mental durante el invierno, determina lo que haremos la próxima primavera. Estamos destinados a que mejoremos constante­mente nuestras condiciones, nuestros resultados y a noso­tros mismos. Mejoramos o retrocedemos, ya que nunca per­manecemos inmutable. Si no mejoramos es porque no utilizamos nuestra inteligencia, nuestro razonamiento y poten­cial. Finalmente, lo que no usamos se pierde. Por falta de uso podemos perder nuestra inteligencia, nuestro razona­miento, nuestro potencial y nuestra fuerza. Si la falta de uso o el mal uso nos  hacen perder estos atributos humanos valiosos, podemos predecir que retrocederemos.



Nuevamente, es una ley fundamental de la vida la que exige el progreso

o el retroceso humano.


Para aquellos que están preparados para la llegada del invierno, usen el invierno de la misma manera que usan la primavera, para obtener ventaja.
Para aquellos que no están preparados, la llegada del invierno es una temporada de remordimientos y profundas tristezas. Ya que anteriormente no tuvieron el deseo de pagar con el dolor de la disciplina, ahora tienen que pagar el con el peso del arrepentimiento. La carga y las cadenas de la disciplina son insignificantes al compararlas con el peso enorme y los impedimentos del arrepentimiento. El arrepentimiento representa un granero y una cocina vacía, con un año por delante hasta la llegada del próximo otoño. Aunque llegue la primavera, tendremos que esforzarnos con la billetera y el estómago vacío. Para aquellos que están preparados, el invierno es otro aspecto de la primavera pero para aquellos que no están preparados, la llegada del invier­no conlleva horror e incertidumbre. El amor y la armonía le ceden el paso a las acusaciones y a la ira.

Durante la primavera debemos pensar en los horrores que presenta un invierno cuando no estamos preparados. Deje­mos que la imaginación nos pinte un cuadro con vientos helados, campos barridos por la nieve y árboles cubiertos de hielo; escuchemos con la imaginación, el llanto de un niño hambriento y la desilusión en los ojos de nuestros seres queridos; imaginemos la búsqueda desesperada de excusas mientras tratamos de justificar nuestros errores pasados y el temor que experimentamos con la llegada del correo 0 cuando alguien toca a nuestra puerta. Estas escenas, vividas con anticipación, pueden proporcionarnos el choque emo­cional que nos impulse a realizar un esfuerzo masivo en la primavera para que dicho impulso evite que nuestro cuadro imaginario se convierta en realidad.

El invierno puede afectar nuestras vidas de muchas maneras durante todas las estaciones del año. Nos puede poner a prueba y recordarnos sutilmente los ruegos de aquellos que viven rodeados por el invierno. El invierno puede representar una oportunidad perdida o la pérdida del amor. El invierno puede ser la desilusión que nos causa un amigo de confianza o la pérdida, a un competidor, de un negocio esperado. Las palabras hirientes de parte de un ser querido o el pesimismo y cinismo que nos manifiesta ese alguien a quien le pedimos consejo y asesoramiento, pueden ser un soplo de viento helado invernal.

El desafío principal ante aquellos que se encuentran rodea­dos por el invierno, es no dejar que éste afecte la llegada de la primavera ni la capacidad para reconocer su llegada. Una parte importante de la vida es aprender a ser siempre parte de la solución en vez de convertirnos en parte del problema.

Si se encuentra Ud. sin amor, dinero o empleo, Ud. está viviendo un invierno y esto se debe a que, en algún momen­to, dejó pasar la primavera. La desatención siempre es cos­tosa y el invierno es puramente una circunstancia ‑ un efecto que es el resultado de una causa previa. Si concen­tramos nuestros pensamientos en la severidad de nuestro invierno personal, será más difícil tolerarlo. Escudriñe los rincones más profundos de su mente y su corazón para descubrir la causa verdadera, ya que ésta reside en Ud. La adversidad muy pocas veces se le puede atribuir a alguna cosa o alguna persona externa. Culpar las influencias exter­nas por la circunstancia del invierno es hallar una excusa conveniente para achacar responsabilidad. Es la tendencia humana normal que nos lleva a culpar a otra persona por el invierno de la vida y por esta razón, el resultado que cosecha la mayoría de los seres humanos es la mediocridad que acompaña a este comportamiento.
Las actitudes humanas, las opiniones y los hábitos deben cambiar para que cambien las cosas o las circunstancias. Las conversaciones acerca de la manera cómo deben ser las cosas ...el por qué no son justas ...son sólo eso ‑conversa­ciones. Una conversación estéril es la ocupación de los perezosos sin ambición durante los inviernos de la vida, ya que estas conversaciones vacías producen una euforia que nubla los sentidos y oculta la realidad de las cosas. La tele­visión ofrece la misma euforia para aquellos que la usan como medio para escaparse de sus vidas vacías. Aquellos que buscan soluciones en medios externos la encuentran en el alcohol y las drogas. Los que tratan de que sus debili­dades pasen desapercibidas, atacando las debilidades ajenas, encuentran esta euforia en la chismografía inútil.

Esperemos que el invierno le encuentre planeando para la llegada de la primavera y contemplando los errores de comisión y omisión del año anterior. Esperemos que el in­vierno le encuentre con una expresión de felicidad y el corazón contento...con una palabra alentadora para los que le rodean, con fe en el futuro, sin temores, con apreciación hacia el pasado y sin remordimientos y, finalmente, con agradecimiento por los éxitos, adversidades e incertidumbres de la vida, ya que cada uno es una bendición que elimina las limitaciones de las oportunidades que la vida ofrecerá en el futuro.

El invierno es la temporada de análisis, ponderación e introspección. Es la temporada para evaluar los propósitos y procedimientos; para volver a encontrar el propósito de nuestras vidas, para descubrir maneras de solucionar dile­mas antiguos y para diseñar planes especiales que contri­buyan al bienestar de otros, menos afortunados que noso­tros. Es la temporada para comprender y controlar la ira, esa emoción humana tan frecuente, que muchas veces nos hace juzgar sin una deliberación justa. Es la temporada para analizar nuestro sentido de justicia y para superar la tenden­cia de lanzar nuestra opinión condenatoria sin hacer una investigación completa, ya que esta actitud es la cúspide de la ignorancia. El invierno es la temporada para ser sinceros con nosotros mismos introspectivamente, pues la tendencia es engañarnos a nosotros mismos. Es la temporada para desarrollar los talentos que nos permiten llevarnos con las personas imperfectas, ya que hasta un tonto puede llevarse con las personas perfectas. Es, también, la temporada para aprender a ser suficientemente sabios y saber lo que debe­mos decir e, igualmente, lo que debemos pasar por alto y lo que no debemos decir. La sabiduría que nos espera, si utili­zamos el invierno cuidadosamente, nos enseñará que la evolución no es más que una revolución a paso más lento y que el orden que rige el universo es un cambio gradual constante. Solamente aquellos atributos humanos valiosos: La honestidad, la lealtad, el amor y la fe en Dios perma­necen constantes. El invierno es la temporada para agra­decer el haber logrado éxitos o el haber soportado la falta de los mismos.

La estación inactiva de invierno es la temporada para enriquecer nuestra mina de conocimientos, continuando así nuestra educación. Esto, en realidad, no quiere decir que aprendamos cosas que ignoramos, más bien que aprende­remos a comportarnos de manera diferente. Cada uno de nosotros aprende, automáticamente de la vida, hechos e información, al inspirarnos con la emoción que acompaña la expectativa y la confianza en nuestras aptitudes.
Con el invierno llega la oportunidad de cumplir las promesas pendientes y ponernos al día en la correspon­dencia. Es, igualmente, la temporada para alentar a los jóvenes, quienes se sienten inseguros por su inexperiencia...y para alentar a los ancianos quienes, por su experiencia, contemplan el futuro con aprehensión. No permita que pase un invierno sin invertir mucho de su tiempo enseñando, alentando y dándole seguridad a otros, ya que al hacerlo su recompensa será mayor fe en Ud. mismo. El maestro es siempre el mayor receptor de las lecciones que trata de enseñar. Permita que el invierno le encuentre pensando en otros...y apreciando...y siendo amable...y, ciertamente, permita que el invierno le encuentre riendo con más frecuen­cia, aunque los vientos soplen fríos y la nieve cubra la tierra que dentro de poco brotará con nueva vida.


IX


LA DERROTA ‑‑ EL MEJOR COMIENZO


Alguien dijo una vez: "No reces para que las cosas sean más fáciles, reza para que haya más obstáculos y más desafíos, ya que son éstos los que forman el carácter y la voluntad de vencer en el hombre". Casi todos los relatos de éxitos que conozco comenzaron cuando la persona se encon­traba postrada mental y financieramente. A1 encontrarse en esta condición, las personas generalmente sienten tanto hastío que sacan talento, aptitud, deseo y determinación de lo más profundo de su ser ‑ ingredientes esenciales que requiere una persona que quiere mejorar las cosas. Es frente a la adversidad que las cosas comienzan a cambiar y las "cosas" siempre cambian como resultado del cambio personal que tiene lugar. He descubierto que las "cosas" nunca cambian ‑ es decir, no cambian solas. Cambian cuando un ser humano con un desagrado profundo, deseo y determinación para cambiar su vida se acerca al tribunal de la justicia humana y grita para que lo escuche el mundo entero: "Estoy hastiado de derrota y humillación y no las toleraré más". Es entonces cuando se reúnen en consulta el momento, el destino y las circunstancias y llegan a una deci­sión unánime: "Nos haremos a un lado porque somos impotentes ante esa clase de determinación". Desafortu­nadamente, la mayoría de la gente no cambia ‑ espera que cambien las circunstancias ‑ culpando a otros o culpando a las circunstancias por su progreso mínimo. Aceptan la derrota como si la naturaleza por designio, deseara que la humanidad se revolcara en charcos de derrota y lástima a sí misma.


Pero...la vida continuará aunque Ud. esté derrotado. El mundo volverá a despertar mañana al nacer el sol y los eventos continuarán repitiéndose con regularidad. Su posi­ción actual, en el éxito o la derrota, es una condición temporal. Ud. escapará del fracaso de la misma manera que se dirigió hacia él. La condición en que vive cualquier per­sona que se siente derrotada y avergonzada la sufren miles de personas en este momento, en algún lugar del país. En una ocasión alguien me sugirió que debía decirme a mi mis­mo: "Esto también pasará", cada vez que tenía la tentación de pensar que ya había aceptado todo el negativismo y el fracaso que podía tolerar en la vida. Entre todos aquellos que en estos momentos sufren de un agotamiento mental, espiritual y financiero, hay algunos que buscarán ansiosamente un nuevo comienzo y, al encontrarlo se levantarán y, una vez en pie, regresarán no solamente a trabajar con éxito sino a dejar sus huellas indelebles en el campo comercial, político o social. Escribirán y hablarán acerca de sus éxitos y sus colegas analizarán sus acciones de mil maneras. El mundo los considerará "afortunados" y se dirá que "la suerte les sonríe". Sin embargo, ese mismo mundo desco­nocerá la agonía y la soledad que cada uno de ellos expe­rimentó antes de iniciar su marcha ascendente hacia el éxito. De manera que, si cabe en estos momentos y aunque parezca ser una insensatez, agradezca a Dios por las limitaciones o fracasos que le aquejan, ya que ocupa Ud. una plataforma donde se originan casi todas las historias de éxito. Puede Ud. ir a donde quiera, hacer lo que le satisfaga y convertirse en lo que desee...desde el lugar en que se encuentra. Fue ahí donde comenzaron Longfellow, Miguel Ángel y Lincoln. Rod Sterling escribió cuarenta cuentos antes de que le aceptaran uno. A Disney lo despidieron de un periódico después de decirle que él no tenía talento. Richard Byrd estrelló el avión las dos veces que voló solo pero, sin embargo, llegó a convertirse en uno de los exploradores más importantes del mundo. Por lo tanto, agradezca la adversidad que le sale al paso. Pero, para beneficio de su futuro, hágala trabajar a su favor y no en su contra. El mundo le observará, sin molestarse, mientras Ud. se queja ‑ hasta que finalmente, Ud. muera pobre y abandonado ‑ si eso es lo que Ud. desea. Sin embargo, le abrirá el paso una vez que haya Ud. tomado la decisión firme de aceptar su situación actual sólo temporalmente y que volverá a comenzar para dejar una huella positiva en el mundo. El mundo realmente no tiene tiempo para preocu­parse de su selección, de manera que por lo menos como favor a Ud. mismo, arriésguese a la aventura contemplando el éxito en el futuro y no malgaste su tiempo en una mera existencia y lamentándose de su mala suerte.

A partir de este momento y por el resto de su vida, dedíquese a la excelencia y recuerde que el desafío a que se enfrenta es el triunfo. Después de todo, ¡Ud. tiene sola­mente una vida! ¡Hagamos de ella algo extraordinario!




No camines delante de mí,
Es posible que no te siga.
No camines detrás de mí,
Es posible que no te guíe,
Camina a mi lado,
Como amigo.

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