VIII
EL INVIERNO
El invierno, al igual que la primavera,
es una temporada que puede aparecer brevemente durante cualquier estación, para
recordarnos su poder. En medio verano, mientras atendemos cuidadosamente
nuestras siembras, el invierno puede amenazarnos como si quisiera arrebatarnos
los frutos de nuestros esfuerzos. El invierno puede manifestar su presencia
amenazante durante la estación de la oportunidad ‑la primavera‑ y si no
reaccionamos rápidamente para cancelar su posible efecto arrasador, la
temporada de la oportunidad nos será arrebatada por una de las tormentas de la
vida, dejándonos con otro año de espera por delante. El invierno puede aparecer
prematuramente durante el otoño ‑la estación de la cosecha ‑ cuando estamos
listos a recoger la recompensa del esfuerzo humano invertido y dejarnos con
cosechas o resultados de poco valor.
La primera lección que tenemos que
aprender en la vida es que el invierno siempre llega; no solamente el invierno
de frío, viento, nieve y hielo, sino el invierno humano de desesperación,
soledad, desilusión o tragedia. Es invierno cuando nuestras oraciones no
reciben respuesta, cuando las acciones de nuestros hijos nos dejan temblorosos
o anonadados. Es invierno cuando la economía se voltea en contra nuestra o
cuando los acreedores nos persiguen. Es invierno cuando la competencia nos
amenaza o cuando un amigo se aprovecha de nosotros. El invierno toma muchas
formas y llega en cualquier momento, tanto al sembrador como a las personas en
el mundo de los negocios y aun a nuestra vida personal.
La llegada del invierno nos encuentra en
una de dos situaciones:
Estamos preparados o no estamos
preparados.
Para aquellos que están preparados, que
han sembrado con abundancia durante la primavera, que han cuidado sus siembras
durante el verano y han cosechado enormemente durante el otoño, el invierno
puede ser otra estación de oportunidad. Puede ser una temporada para la
lectura, para recuperar las energías para la próxima primavera y para gozar de
protección y abrigo. Puede ser una temporada de gran regocijo, una temporada
para compartir con los seres queridos con quienes hemos trabajado. Es una
temporada para dar gracias y una temporada para compartir los obsequios de la
vida. El invierno es la temporada para agradecer, tanto por lo que tenemos como
por lo que aún no hemos logrado. El invierno es la temporada para el descanso,
pero no un descanso excesivo. Es la temporada para gozar del fruto de nuestro
trabajo, pero no es temporada para la gula. Es la temporada para las
conversaciones cálidas pero no para el chisme. Es la temporada para la gratitud
pero no para la satisfacción excesiva. Es la temporada para sentirnos
orgullosos más no para ser egoístas.
Lo que hacemos con nuestro tiempo, con
nosotros mismos, con nuestros amigos y con nuestra actitud mental durante el
invierno, determina lo que haremos la próxima primavera. Estamos destinados a
que mejoremos constantemente nuestras condiciones, nuestros resultados y a
nosotros mismos. Mejoramos o retrocedemos, ya que nunca permanecemos
inmutable. Si no mejoramos es porque no utilizamos nuestra inteligencia,
nuestro razonamiento y potencial. Finalmente, lo que no usamos se pierde. Por
falta de uso podemos perder nuestra inteligencia, nuestro razonamiento,
nuestro potencial y nuestra fuerza. Si la falta de uso o el mal uso nos hacen perder estos atributos humanos
valiosos, podemos predecir que retrocederemos.
Nuevamente, es una ley fundamental de la vida la que exige el progreso
o el retroceso humano.
Para aquellos que están preparados para
la llegada del invierno, usen el invierno de la misma manera que usan la
primavera, para obtener ventaja.
Para aquellos que no están preparados,
la llegada del invierno es una temporada de remordimientos y profundas
tristezas. Ya que anteriormente no tuvieron el deseo de pagar con el dolor de
la disciplina, ahora tienen que pagar el con el peso del arrepentimiento. La
carga y las cadenas de la disciplina son insignificantes al compararlas con el
peso enorme y los impedimentos del arrepentimiento. El arrepentimiento
representa un granero y una cocina vacía, con un año por delante hasta la
llegada del próximo otoño. Aunque llegue la primavera, tendremos que esforzarnos
con la billetera y el estómago vacío. Para aquellos que están preparados, el
invierno es otro aspecto de la primavera pero para aquellos que no están
preparados, la llegada del invierno conlleva horror e incertidumbre. El amor y
la armonía le ceden el paso a las acusaciones y a la ira.
Durante la primavera debemos pensar en
los horrores que presenta un invierno cuando no estamos preparados. Dejemos
que la imaginación nos pinte un cuadro con vientos helados, campos barridos por
la nieve y árboles cubiertos de hielo; escuchemos con la imaginación, el llanto
de un niño hambriento y la desilusión en los ojos de nuestros seres queridos;
imaginemos la búsqueda desesperada de excusas mientras tratamos de justificar
nuestros errores pasados y el temor que experimentamos con la llegada del
correo 0 cuando alguien toca a nuestra puerta. Estas escenas, vividas con
anticipación, pueden proporcionarnos el choque emocional que nos impulse a
realizar un esfuerzo masivo en la primavera para que dicho impulso evite que nuestro
cuadro imaginario se convierta en realidad.
El invierno puede afectar nuestras vidas
de muchas maneras durante todas las estaciones del año. Nos puede poner a
prueba y recordarnos sutilmente los ruegos de aquellos que viven rodeados por
el invierno. El invierno puede representar una oportunidad perdida o la pérdida
del amor. El invierno puede ser la desilusión que nos causa un amigo de
confianza o la pérdida, a un competidor, de un negocio esperado. Las palabras
hirientes de parte de un ser querido o el pesimismo y cinismo que nos
manifiesta ese alguien a quien le pedimos consejo y asesoramiento, pueden ser
un soplo de viento helado invernal.
El desafío principal ante aquellos que
se encuentran rodeados por el invierno, es no dejar que éste afecte la llegada
de la primavera ni la capacidad para reconocer su llegada. Una parte importante
de la vida es aprender a ser siempre parte de la solución en vez de
convertirnos en parte del problema.
Si se encuentra Ud. sin amor, dinero o
empleo, Ud. está viviendo un invierno y esto se debe a que, en algún momento,
dejó pasar la primavera. La desatención siempre es costosa y el invierno es
puramente una circunstancia ‑ un efecto que es el resultado de una causa
previa. Si concentramos nuestros pensamientos en la severidad de nuestro
invierno personal, será más difícil tolerarlo. Escudriñe los rincones más
profundos de su mente y su corazón para descubrir la causa verdadera, ya que
ésta reside en Ud. La adversidad muy pocas veces se le puede atribuir a alguna
cosa o alguna persona externa. Culpar las influencias externas por la
circunstancia del invierno es hallar una excusa conveniente para achacar
responsabilidad. Es la tendencia humana normal que nos lleva a culpar a otra
persona por el invierno de la vida y por esta razón, el resultado que cosecha
la mayoría de los seres humanos es la mediocridad que acompaña a este
comportamiento.
Las actitudes humanas, las opiniones y
los hábitos deben cambiar para que cambien las cosas o las circunstancias. Las
conversaciones acerca de la manera cómo deben ser las cosas ...el por qué no
son justas ...son sólo eso ‑conversaciones. Una conversación estéril es la
ocupación de los perezosos sin ambición durante los inviernos de la vida, ya
que estas conversaciones vacías producen una euforia que nubla los sentidos y
oculta la realidad de las cosas. La televisión ofrece la misma euforia para
aquellos que la usan como medio para escaparse de sus vidas vacías. Aquellos
que buscan soluciones en medios externos la encuentran en el alcohol y las
drogas. Los que tratan de que sus debilidades pasen desapercibidas, atacando
las debilidades ajenas, encuentran esta euforia en la chismografía inútil.
Esperemos que el invierno le encuentre
planeando para la llegada de la primavera y contemplando los errores de
comisión y omisión del año anterior. Esperemos que el invierno le encuentre
con una expresión de felicidad y el corazón contento...con una palabra
alentadora para los que le rodean, con fe en el futuro, sin temores, con
apreciación hacia el pasado y sin remordimientos y, finalmente, con
agradecimiento por los éxitos, adversidades e incertidumbres de la vida, ya que
cada uno es una bendición que elimina las limitaciones de las oportunidades que
la vida ofrecerá en el futuro.
El invierno es la temporada de análisis,
ponderación e introspección. Es la temporada para evaluar los propósitos y
procedimientos; para volver a encontrar el propósito de nuestras vidas, para
descubrir maneras de solucionar dilemas antiguos y para diseñar planes
especiales que contribuyan al bienestar de otros, menos afortunados que nosotros.
Es la temporada para comprender y controlar la ira, esa emoción humana tan
frecuente, que muchas veces nos hace juzgar sin una deliberación justa. Es la
temporada para analizar nuestro sentido de justicia y para superar la tendencia
de lanzar nuestra opinión condenatoria sin hacer una investigación completa, ya
que esta actitud es la cúspide de la ignorancia. El invierno es la temporada
para ser sinceros con nosotros mismos introspectivamente, pues la tendencia es
engañarnos a nosotros mismos. Es la temporada para desarrollar los talentos que
nos permiten llevarnos con las personas imperfectas, ya que hasta un tonto
puede llevarse con las personas perfectas. Es, también, la temporada para
aprender a ser suficientemente sabios y saber lo que debemos decir e,
igualmente, lo que debemos pasar por alto y lo que no debemos decir. La
sabiduría que nos espera, si utilizamos el invierno cuidadosamente, nos
enseñará que la evolución no es más que una revolución a paso más lento y que
el orden que rige el universo es un cambio gradual constante. Solamente
aquellos atributos humanos valiosos: La honestidad, la lealtad, el amor y la fe
en Dios permanecen constantes. El invierno es la temporada para agradecer el
haber logrado éxitos o el haber soportado la falta de los mismos.
La estación inactiva de invierno es la
temporada para enriquecer nuestra mina de conocimientos, continuando así
nuestra educación. Esto, en realidad, no quiere decir que aprendamos cosas que
ignoramos, más bien que aprenderemos a comportarnos de manera diferente. Cada
uno de nosotros aprende, automáticamente de la vida, hechos e información, al
inspirarnos con la emoción que acompaña la expectativa y la confianza en
nuestras aptitudes.
Con el invierno llega la oportunidad de
cumplir las promesas pendientes y ponernos al día en la correspondencia. Es,
igualmente, la temporada para alentar a los jóvenes, quienes se sienten
inseguros por su inexperiencia...y para alentar a los ancianos quienes, por su
experiencia, contemplan el futuro con aprehensión. No permita que pase un
invierno sin invertir mucho de su tiempo enseñando, alentando y dándole
seguridad a otros, ya que al hacerlo su recompensa será mayor fe en Ud. mismo.
El maestro es siempre el mayor receptor de las lecciones que trata de enseñar.
Permita que el invierno le encuentre pensando en otros...y apreciando...y
siendo amable...y, ciertamente, permita que el invierno le encuentre riendo con
más frecuencia, aunque los vientos soplen fríos y la nieve cubra la tierra que
dentro de poco brotará con nueva vida.
IX
LA DERROTA ‑‑ EL MEJOR
COMIENZO
Alguien dijo una vez: "No reces
para que las cosas sean más fáciles, reza para que haya más obstáculos y más
desafíos, ya que son éstos los que forman el carácter y la voluntad de vencer
en el hombre". Casi todos los relatos de éxitos que conozco comenzaron
cuando la persona se encontraba postrada mental y financieramente. A1
encontrarse en esta condición, las personas generalmente sienten tanto hastío
que sacan talento, aptitud, deseo y determinación de lo más profundo de su ser ‑
ingredientes esenciales que requiere una persona que quiere mejorar las cosas.
Es frente a la adversidad que las cosas comienzan a cambiar y las
"cosas" siempre cambian como resultado del cambio personal que tiene
lugar. He descubierto que las "cosas" nunca cambian ‑ es decir, no
cambian solas. Cambian cuando un ser humano con un desagrado profundo, deseo y
determinación para cambiar su vida se acerca al tribunal de la justicia humana
y grita para que lo escuche el mundo entero: "Estoy hastiado de derrota y
humillación y no las toleraré más". Es entonces cuando se reúnen en
consulta el momento, el destino y las circunstancias y llegan a una decisión
unánime: "Nos haremos a un lado porque somos impotentes ante esa clase de
determinación". Desafortunadamente, la mayoría de la gente no cambia ‑
espera que cambien las circunstancias ‑ culpando a otros o culpando a las
circunstancias por su progreso mínimo. Aceptan la derrota como si la naturaleza
por designio, deseara que la humanidad se revolcara en charcos de derrota y
lástima a sí misma.
Pero...la vida continuará aunque Ud.
esté derrotado. El mundo volverá a despertar mañana al nacer el sol y los
eventos continuarán repitiéndose con regularidad. Su posición actual, en el
éxito o la derrota, es una condición temporal. Ud. escapará del fracaso de la
misma manera que se dirigió hacia él. La condición en que vive cualquier persona
que se siente derrotada y avergonzada la sufren miles de personas en este
momento, en algún lugar del país. En una ocasión alguien me sugirió que debía
decirme a mi mismo: "Esto también pasará", cada vez que tenía la
tentación de pensar que ya había aceptado todo el negativismo y el fracaso que
podía tolerar en la vida. Entre todos aquellos que en estos momentos sufren de
un agotamiento mental, espiritual y financiero, hay algunos que buscarán
ansiosamente un nuevo comienzo y, al encontrarlo se levantarán y, una vez en
pie, regresarán no solamente a trabajar con éxito sino a dejar sus huellas
indelebles en el campo comercial, político o social. Escribirán y hablarán
acerca de sus éxitos y sus colegas analizarán sus acciones de mil maneras. El
mundo los considerará "afortunados" y se dirá que "la suerte les
sonríe". Sin embargo, ese mismo mundo desconocerá la agonía y la soledad
que cada uno de ellos experimentó antes de iniciar su marcha ascendente hacia
el éxito. De manera que, si cabe en estos momentos y aunque parezca ser una
insensatez, agradezca a Dios por las limitaciones o fracasos que le aquejan, ya
que ocupa Ud. una plataforma donde se originan casi todas las historias de
éxito. Puede Ud. ir a donde quiera, hacer lo que le satisfaga y convertirse en
lo que desee...desde el lugar en que se encuentra. Fue ahí donde comenzaron
Longfellow, Miguel Ángel y Lincoln. Rod Sterling escribió cuarenta cuentos
antes de que le aceptaran uno. A Disney lo despidieron de un periódico después
de decirle que él no tenía talento. Richard Byrd estrelló el avión las dos
veces que voló solo pero, sin embargo, llegó a convertirse en uno de los
exploradores más importantes del mundo. Por lo tanto, agradezca la adversidad
que le sale al paso. Pero, para beneficio de su futuro, hágala trabajar a su
favor y no en su contra. El mundo le observará, sin molestarse, mientras Ud. se
queja ‑ hasta que finalmente, Ud. muera pobre y abandonado ‑ si eso es lo que
Ud. desea. Sin embargo, le abrirá el paso una vez que haya Ud. tomado la
decisión firme de aceptar su situación actual sólo temporalmente y que volverá
a comenzar para dejar una huella positiva en el mundo. El mundo realmente no
tiene tiempo para preocuparse de su selección, de manera que por lo menos como
favor a Ud. mismo, arriésguese a la aventura contemplando el éxito en el futuro
y no malgaste su tiempo en una mera existencia y lamentándose de su mala
suerte.
A partir de este momento y por el resto
de su vida, dedíquese a la excelencia y recuerde que el desafío a que se
enfrenta es el triunfo. Después de todo, ¡Ud. tiene solamente una vida!
¡Hagamos de ella algo extraordinario!
No camines delante de mí,
Es posible que no te siga.
No camines detrás de mí,
Es posible que no te guíe,
Camina a mi lado,
Como amigo.
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